Por esas bromas de la vida, siempre terminan recalando en este puerto personajes singulares. De esos que en el terreno de las artes, la política o las ideas, caminan varios pasos más allá que el resto de los mortales. Algunos, dejan huellas en este puerto-que-amarra-como-el hambre. Otros pasan de incógnito, y lo suyo es perceptible sólo décadas después, si es qué. La lista es larga.
Pues bien, la madrugada del primer día del 2008 fue uno de esos momentos: El paso de Dick El Demasiado por Valparaíso. Este holandés, cincuentón, es un artista multidisciplinario con ganas de subversión y hueveo de esos profundos. Pasa la mitad del año en Argentina, país que como el continente del que forma parte, es una materia clave en lo que produce.
Porque a él lo conocimos como músico. El Demasiado ha realizado algunos discos que deberían poner de cabeza a más de alguno en Latinoamérica. Se trata de “No nos dejamos afeitar”, “Pero peinamos gratis” y “Al perdido ganado”, editados independientemente, allende los Andes, desde 2002. ¿Qué tenemos aquí? Las etiquetas empalidecen... ¿Electrocumbia? ¿Tortilleo subver-rock post punkoide, así a la manera de los Butthole Surfers, The Fall o Captain Beefheart? ¿Y qué hay de Lee “Scratch” Perry? ¿O se trata de una ganas terribles de confundir... al poder, incluido aquel de los críticos y estudiosos del “pop”?
Dick El Demasiado llegó a Chile casi por casualidad. Viajaba en barco desde Buenos Aires y recaló aquí, donde un amigo le abrió la posibilidad de tocar junto a Chico Trujillo aquí y Santiago, en medio de la euforia de fin de año. Bueno, y abrió el show en una discotec gigante con nombre de alimento total. ¿Raro? No, es sólo Valparaíso.
Un huracán
La historia se inicia cuando Dick no era aún Dick. Pero eso lo explicamos después.
Pese a nacer en Eindhoven, este personaje pasó una parte importante de su infancia en Latinoamérica, en Guatemala y, sobretodo, Argentina, entre los 6 y los 12 años, lugar donde tuvo acceso por primera vez a cierto estilo musical que, más tarde, habría de enarbolar como baluarte mutante: La cumbia. “Yo soy muy sensible a saber dónde es tu lugar. Si vas a ir al restorán careta (cuico) o vas a estar parado en la vereda, o si vas a hablar con el rubio o con el mestizo ¿ves? Todo eso siempre lo hago, y lo tuve que hacer toda mi vida”, explica Dick hoy. “Entonces, yo de niño veía que las mucamas tenían la cumbia y los blancos, como yo, tenían imitación de Johnny Hallyday o Elvis Presley, que eran Johnny Tolengo y el Club del Clan. A mí no me atraía la imitación y las mucamas me trataban muy bien y les gustaba la cumbia, y eso me quedó como una buena información”.
Testigo del inicio del punk en los 70, Dick comenzó a trabajar con varios colectivos artísticos hasta que, a principios de los 90, se unió al Instituto de Lunatismo Abordable, un grupo productor de lo que él define como “materia difusa... video trash, instalaciones de arte interactiva, viajes, live shows... Nuestro método de trabajo era el crecimiento incontrolable, tal como una enfermedad. Si te dan una ventana, asalta por ahí”, dice, sonriendo.
En 2000, y tras un trabajo fallido para la televisión, y con dinero en los bolsillos, Dick y algunos más del Instituto de Lunatismo Abordable, viajaron a Honduras, país asolado por el huracán Mitch años antes. “Esa fue la primera vez que di un paso serio en Latinoamérica. (El asunto) era observar cómo vivía el pais después del Mitch. Era nuestro propio trabajo, pura contemplación, sin estructura definida... lo que es un peligro, obviamente, porque las observaciones de cada uno iban por su lado”.
Pero... Eureka. Fue el inicio de algo más: “Lo que a mí se me ocurrió fue desarrollar algo que no existiera, un festival de una música de una categoría por inventar, y de allí salió la cumbia experimental. Era una manera de encontrarle una legitimación a lo diverso del material que teníamos”.
En términos concretos, Dick montó en internet una web donde se difundía el primer Festicumex, o sea el primer festival de cumbias experimentales, con biografías y anécdotas de bandas inexistentes como Higiénica Gonzalez, el Padre Teresa y Los Subdesarrollados del Norte.
¿Y por qué la cumbia? “En los 90, yo hacía un programa de radio pirata que programaba harto reagge y dub pero gustándome mucho entendía que ese no era mi material. Si que ví que la cumbia era muy buen hermano de la música jamaicana porque no exalta tanto, al contrario de la salsa, el son y la samba, el asunto histérico, el sudor en la frente y esa cosa de excitarse, excitarse y excitarse. La cumbia es más bien amable, suave y (que te dice que) tenés que estar feliz pero no hacerte el campeón del movimiento. Yo la veo como más humana, en ese sentido”.
Poco después de Honduras, en otro viaje, Dick llegó a Calanda, en España, el pueblo donde nació Luis Buñuel. “A mí me interesaba mucho él porque hizo una muy buena simbiosis con los latinoamericanos, siendo europeo. (En Calanda) estuve solo, con mi familia, y me puse a hacer música, y recordé la cumbia de las mucamas y lo trabajé, averiguándolo, como si fuera reagge, escuchando el bajo, la percusión, la construcción...”. Fue el nacimiento del personaje, Dick El Demasiado, uno que había sido inventado y que estaba en el “cartel” del primer Festicumex y que ahora “nacía” a la vida “musical” , con obra propia. “Yo supe que mi valor era ser de afuera y tocar algo de otra gente. Eso te da otra perspectiva. Si yo me informo demasiado o me pongo escuchar a todos los colombianos, ya me hago un poco de allá. O me vuelvo nada”.
Uno raro
Para seguir confundiendo, El Demasiado había publicado, en España, tiempo antes, el libro “La lenta pero incesante degradación de las cumbias lunáticas”, nuevamente un tratado con datos y comentarios sobre el estilo inexistente, y que este holandés envió a periodistas, antropólogos y estudiosos de Europa y Latinoamérica...
Y vino Argentina. En 2002, un sello independiente edita el primer disco, “No nos dejamos afeitar”. “Una bomba de fragmentacion”, exclama Dick. El trabajo quedó rarísimo. Efectivamente hay cumbia. O casi cumbia. O la cumbia utilizada como elemento dentro de un collage electrónico, que también añade ruidismo y deconstrucción musical. No, más bien lo más cercano a la cumbia que se puede escuchar en el disco es el tema “La cebolla” que, tiempo después, sería antologado por el alemán Uwe Schmidt (alias Sr. Coconut) para su disco compilatorio de electromúsica bailable latinoamericana (“Coconut FM, 2005”). En “No nos dejamos afeitar” hay espacio para bizarreces como “Pumpi pumpi” y “Noche especial”, junto a canciones de letras que de extrañas tienen un crudo acercamiento con la realidad latinoamericana (“Chancho es para salchicha” y “Uno llamado negrito”). Dick El Demasiado es europeo pero en sus letras descabezadas hay una mirada atenta al modo de hablar latinoamericano, sobretodo, trasandino. Curiosamente, los temas que quedaron fuera del disco (y que estan disponibles en la web de Dick) podrian ser los más caratulables como cumbia... “La flaca de las coloradas” y “Cumbia latviana”.
“La cumbia experimental es una paradoja porque la cumbia es algo que tiene sus leyes y experimentar es justamente algo que no toleran las leyes. Cumbia Experimental es como decir “rubio moreno”, se solaza el neerlandés.
Luego vendrían los discos “Pero peinamos gratis” y “Al perdido ganado”. Entretanto, Dick había comenzado a tocar regularmente haciéndose acompañar de una banda de músicos argentinos llamada Los Exagerados. Además, la fama under corría como reguero de aceite encendido hasta México donde el también peculiar sello Nuevos Ricos editó el tercero del holandés, donde destacan temas como “No hay buho sin ratón” (¿una alegoria a los saqueos?), “La sexy Fosforina” y “Cambio de espejo”.
Pero en Argentina también estuvo la posibilidad de llevar a la realidad el Festicumex, en 2003. “Yo vi que había harta gente interesada en otros caminos, entonces, dije ahora sí voy a hacer un Festicumex aquí, uno de verdad. Nos buscamos un lugar en la periferia, La Paternal, en un sector muy proletario, en lo que fue un centro de cultura peronista, con 3 neones, y allí lo hicimos, el segundo primer Festicumex (risas) y eso fue un éxito increible porque juntó a grupos que no querian tener nada el uno con el otro... Obviamente, hay más gente que dijo que estuvo que la que realmente fue”.
En 2004, el segundo festival fue en el hotel Bauen, ocupado por sus trabajadores y epicentro del MUR, movimiento de bandas de rock independientes... con resultados variopintos. “Estuvo fenómeno pero ya se vino mucho fashion, actores, directores, modelos. En Argentina se da mucho eso. Ven algo valioso, le exprimen el jugo y lo tiran a la mierda. Eso lo digo por experiencia porque lo vi, no por hablar mal...”.
Luego de eso, en un repliegue, Dick se fue a hacer el Festicumex a Mexico y a su natal Holanda. De paso tocó en festivales de electrónica y multimedia de la talla de Sonar (Barcelona) y Transmediale (Berlin). “Yo toco en Europa, y me pagan en euros, de esa manera puedo hacer cosas acá pero yo no toco para que el tipo de Austria diga: “ohh, qué buenas están las cumbias”; eso no me interesa. Yo no estoy “for export”. Me gusta pasar la informacion a Europa y demostrarles que hay mas cosas que Buena Vista Social Club, Manu Chao, o Ry Cooder, o qué se yo”.
¿No se trata, entonces, del caso del músico-del-primer-mundo que extrae música de las culturas del sur, así como Manu Chao o el neoyorkino David Byrne?
Dejemos que Dick responda: “Lo primero que hay que diferenciar es que yo no me siento gringo; evidentemente, tengo un pasaporte holandés pero yo aprendí a leer en castellano, en Guatemala, y todas mis amistades infantiles fueron en castellano y siempre le tuve gran amor a este continente. Además, nunca he estado aquí por exotismo ni por sorpresas ni por terreno nuevo ni por otra oportunidad más. Mi camino ha sido nada politicamente correcto. Byrne y Manu Chao a lo mejor son sinceros pero antes de serlo ya estaban en la industria musical (risas) . Ellos no están interesados en América Latina. Son músicos que cansaron su territorio, es decir, hicieron todo lo que se les ocurrió por alla y luego descubrieron que había otros colores y se las vinieron a hacer o a comprar. No está tan mal pero tampoco es tan lindo. Mi concentración esta acá, asi como mi corazón y mi trabajo. Hasta mi público”.
Público que seguramente se creó en esta breve primera pasada por este puerto. Ya veremos.
publicado en la edicion impresa del #21 de revista ciudad invisible. www.ciudadinvisible.cl
Txt. Rodrigo Miño, Dihablo (programa Reforzamiento, de Radio Placeres)
Felipe Montalva
Fotos. Dihablo y Nuevos Ricos.
Escucha la música de Dick El Demasiado:
www.myspace.com/dickeldemasiado
Visita su web (y descárgate “No nos dejamos afeitar”):
http://www.periferico.org/dickeldemasiado/
Mas musica de Dick y uno que otro video:






