Comentario de discos, conciertos, bandas, libros y películas afines no sin ciertos toques autobiográficos.

viernes 7 de marzo de 2008

Dick el Demasiado/El Confundidor

Por esas bromas de la vida, siempre terminan recalando en este puerto personajes singulares. De esos que en el terreno de las artes, la política o las ideas, caminan varios pasos más allá que el resto de los mortales. Algunos, dejan huellas en este puerto-que-amarra-como-el hambre. Otros pasan de incógnito, y lo suyo es perceptible sólo décadas después, si es qué. La lista es larga.

Pues bien, la madrugada del primer día del 2008 fue uno de esos momentos: El paso de Dick El Demasiado por Valparaíso. Este holandés, cincuentón, es un artista multidisciplinario con ganas de subversión y hueveo de esos profundos. Pasa la mitad del año en Argentina, país que como el continente del que forma parte, es una materia clave en lo que produce.

Porque a él lo conocimos como músico. El Demasiado ha realizado algunos discos que deberían poner de cabeza a más de alguno en Latinoamérica. Se trata de “No nos dejamos afeitar”, “Pero peinamos gratis” y “Al perdido ganado”, editados independientemente, allende los Andes, desde 2002. ¿Qué tenemos aquí? Las etiquetas empalidecen... ¿Electrocumbia? ¿Tortilleo subver-rock post punkoide, así a la manera de los Butthole Surfers, The Fall o Captain Beefheart? ¿Y qué hay de Lee “Scratch” Perry? ¿O se trata de una ganas terribles de confundir... al poder, incluido aquel de los críticos y estudiosos del “pop”?

Dick El Demasiado llegó a Chile casi por casualidad. Viajaba en barco desde Buenos Aires y recaló aquí, donde un amigo le abrió la posibilidad de tocar junto a Chico Trujillo aquí y Santiago, en medio de la euforia de fin de año. Bueno, y abrió el show en una discotec gigante con nombre de alimento total. ¿Raro? No, es sólo Valparaíso.

Un huracán

La historia se inicia cuando Dick no era aún Dick. Pero eso lo explicamos después.

Pese a nacer en Eindhoven, este personaje pasó una parte importante de su infancia en Latinoamérica, en Guatemala y, sobretodo, Argentina, entre los 6 y los 12 años, lugar donde tuvo acceso por primera vez a cierto estilo musical que, más tarde, habría de enarbolar como baluarte mutante: La cumbia. “Yo soy muy sensible a saber dónde es tu lugar. Si vas a ir al restorán careta (cuico) o vas a estar parado en la vereda, o si vas a hablar con el rubio o con el mestizo ¿ves? Todo eso siempre lo hago, y lo tuve que hacer toda mi vida”, explica Dick hoy. “Entonces, yo de niño veía que las mucamas tenían la cumbia y los blancos, como yo, tenían imitación de Johnny Hallyday o Elvis Presley, que eran Johnny Tolengo y el Club del Clan. A mí no me atraía la imitación y las mucamas me trataban muy bien y les gustaba la cumbia, y eso me quedó como una buena información”.

Testigo del inicio del punk en los 70, Dick comenzó a trabajar con varios colectivos artísticos hasta que, a principios de los 90, se unió al Instituto de Lunatismo Abordable, un grupo productor de lo que él define como “materia difusa... video trash, instalaciones de arte interactiva, viajes, live shows... Nuestro método de trabajo era el crecimiento incontrolable, tal como una enfermedad. Si te dan una ventana, asalta por ahí”, dice, sonriendo.

En 2000, y tras un trabajo fallido para la televisión, y con dinero en los bolsillos, Dick y algunos más del Instituto de Lunatismo Abordable, viajaron a Honduras, país asolado por el huracán Mitch años antes. “Esa fue la primera vez que di un paso serio en Latinoamérica. (El asunto) era observar cómo vivía el pais después del Mitch. Era nuestro propio trabajo, pura contemplación, sin estructura definida... lo que es un peligro, obviamente, porque las observaciones de cada uno iban por su lado”.

Pero... Eureka. Fue el inicio de algo más: “Lo que a mí se me ocurrió fue desarrollar algo que no existiera, un festival de una música de una categoría por inventar, y de allí salió la cumbia experimental. Era una manera de encontrarle una legitimación a lo diverso del material que teníamos”.

En términos concretos, Dick montó en internet una web donde se difundía el primer Festicumex, o sea el primer festival de cumbias experimentales, con biografías y anécdotas de bandas inexistentes como Higiénica Gonzalez, el Padre Teresa y Los Subdesarrollados del Norte.

¿Y por qué la cumbia? “En los 90, yo hacía un programa de radio pirata que programaba harto reagge y dub pero gustándome mucho entendía que ese no era mi material. Si que ví que la cumbia era muy buen hermano de la música jamaicana porque no exalta tanto, al contrario de la salsa, el son y la samba, el asunto histérico, el sudor en la frente y esa cosa de excitarse, excitarse y excitarse. La cumbia es más bien amable, suave y (que te dice que) tenés que estar feliz pero no hacerte el campeón del movimiento. Yo la veo como más humana, en ese sentido”.

Poco después de Honduras, en otro viaje, Dick llegó a Calanda, en España, el pueblo donde nació Luis Buñuel. “A mí me interesaba mucho él porque hizo una muy buena simbiosis con los latinoamericanos, siendo europeo. (En Calanda) estuve solo, con mi familia, y me puse a hacer música, y recordé la cumbia de las mucamas y lo trabajé, averiguándolo, como si fuera reagge, escuchando el bajo, la percusión, la construcción...”. Fue el nacimiento del personaje, Dick El Demasiado, uno que había sido inventado y que estaba en el “cartel” del primer Festicumex y que ahora “nacía” a la vida “musical” , con obra propia. “Yo supe que mi valor era ser de afuera y tocar algo de otra gente. Eso te da otra perspectiva. Si yo me informo demasiado o me pongo escuchar a todos los colombianos, ya me hago un poco de allá. O me vuelvo nada”.

Uno raro

Para seguir confundiendo, El Demasiado había publicado, en España, tiempo antes, el libro “La lenta pero incesante degradación de las cumbias lunáticas”, nuevamente un tratado con datos y comentarios sobre el estilo inexistente, y que este holandés envió a periodistas, antropólogos y estudiosos de Europa y Latinoamérica...

Y vino Argentina. En 2002, un sello independiente edita el primer disco, “No nos dejamos afeitar”. “Una bomba de fragmentacion”, exclama Dick. El trabajo quedó rarísimo. Efectivamente hay cumbia. O casi cumbia. O la cumbia utilizada como elemento dentro de un collage electrónico, que también añade ruidismo y deconstrucción musical. No, más bien lo más cercano a la cumbia que se puede escuchar en el disco es el tema “La cebolla” que, tiempo después, sería antologado por el alemán Uwe Schmidt (alias Sr. Coconut) para su disco compilatorio de electromúsica bailable latinoamericana (“Coconut FM, 2005”). En “No nos dejamos afeitar” hay espacio para bizarreces como “Pumpi pumpi” y “Noche especial”, junto a canciones de letras que de extrañas tienen un crudo acercamiento con la realidad latinoamericana (“Chancho es para salchicha” y “Uno llamado negrito”). Dick El Demasiado es europeo pero en sus letras descabezadas hay una mirada atenta al modo de hablar latinoamericano, sobretodo, trasandino. Curiosamente, los temas que quedaron fuera del disco (y que estan disponibles en la web de Dick) podrian ser los más caratulables como cumbia... “La flaca de las coloradas” y “Cumbia latviana”.

“La cumbia experimental es una paradoja porque la cumbia es algo que tiene sus leyes y experimentar es justamente algo que no toleran las leyes. Cumbia Experimental es como decir “rubio moreno”, se solaza el neerlandés.

Luego vendrían los discos “Pero peinamos gratis” y “Al perdido ganado”. Entretanto, Dick había comenzado a tocar regularmente haciéndose acompañar de una banda de músicos argentinos llamada Los Exagerados. Además, la fama under corría como reguero de aceite encendido hasta México donde el también peculiar sello Nuevos Ricos editó el tercero del holandés, donde destacan temas como “No hay buho sin ratón” (¿una alegoria a los saqueos?), “La sexy Fosforina” y “Cambio de espejo”.

Pero en Argentina también estuvo la posibilidad de llevar a la realidad el Festicumex, en 2003. “Yo vi que había harta gente interesada en otros caminos, entonces, dije ahora sí voy a hacer un Festicumex aquí, uno de verdad. Nos buscamos un lugar en la periferia, La Paternal, en un sector muy proletario, en lo que fue un centro de cultura peronista, con 3 neones, y allí lo hicimos, el segundo primer Festicumex (risas) y eso fue un éxito increible porque juntó a grupos que no querian tener nada el uno con el otro... Obviamente, hay más gente que dijo que estuvo que la que realmente fue”.

En 2004, el segundo festival fue en el hotel Bauen, ocupado por sus trabajadores y epicentro del MUR, movimiento de bandas de rock independientes... con resultados variopintos. “Estuvo fenómeno pero ya se vino mucho fashion, actores, directores, modelos. En Argentina se da mucho eso. Ven algo valioso, le exprimen el jugo y lo tiran a la mierda. Eso lo digo por experiencia porque lo vi, no por hablar mal...”.

Luego de eso, en un repliegue, Dick se fue a hacer el Festicumex a Mexico y a su natal Holanda. De paso tocó en festivales de electrónica y multimedia de la talla de Sonar (Barcelona) y Transmediale (Berlin). “Yo toco en Europa, y me pagan en euros, de esa manera puedo hacer cosas acá pero yo no toco para que el tipo de Austria diga: “ohh, qué buenas están las cumbias”; eso no me interesa. Yo no estoy “for export”. Me gusta pasar la informacion a Europa y demostrarles que hay mas cosas que Buena Vista Social Club, Manu Chao, o Ry Cooder, o qué se yo”.

¿No se trata, entonces, del caso del músico-del-primer-mundo que extrae música de las culturas del sur, así como Manu Chao o el neoyorkino David Byrne?

Dejemos que Dick responda: “Lo primero que hay que diferenciar es que yo no me siento gringo; evidentemente, tengo un pasaporte holandés pero yo aprendí a leer en castellano, en Guatemala, y todas mis amistades infantiles fueron en castellano y siempre le tuve gran amor a este continente. Además, nunca he estado aquí por exotismo ni por sorpresas ni por terreno nuevo ni por otra oportunidad más. Mi camino ha sido nada politicamente correcto. Byrne y Manu Chao a lo mejor son sinceros pero antes de serlo ya estaban en la industria musical (risas) . Ellos no están interesados en América Latina. Son músicos que cansaron su territorio, es decir, hicieron todo lo que se les ocurrió por alla y luego descubrieron que había otros colores y se las vinieron a hacer o a comprar. No está tan mal pero tampoco es tan lindo. Mi concentración esta acá, asi como mi corazón y mi trabajo. Hasta mi público”.

Público que seguramente se creó en esta breve primera pasada por este puerto. Ya veremos.

publicado en la edicion impresa del #21 de revista ciudad invisible. www.ciudadinvisible.cl

Txt. Rodrigo Miño, Dihablo (programa Reforzamiento, de Radio Placeres)

Felipe Montalva

Fotos. Dihablo y Nuevos Ricos.

Escucha la música de Dick El Demasiado:

www.myspace.com/dickeldemasiado

Visita su web (y descárgate “No nos dejamos afeitar”):

http://www.periferico.org/dickeldemasiado/

Mas musica de Dick y uno que otro video:

www.nuevosricos.com

miércoles 5 de marzo de 2008

Viva Corazón Rebelde!

El internet es apasionante. Por los vínculos que se pueden armar. Un posteo en un blog, creo, semeja un escrito en una botella lanzada al mar. Y, a veces, ese mensaje llega a la gente precisa aunque esté, literalmente, al otro lado del planeta.

Quiero agradecer las palabras de Manolo Rock, desde Valencia (España) enamorado, al igual que yo de la banda punk-chilena-en-el-exilio Corazón Rebelde. Tras leer esta nota, en el audicionador, ha enviado un material extraordinario: El maxi de CR, editado por DRO, en 1983 (que contiene versiones primeras de un par de temas que luego hallaríamos en el lp de 1987) además de la portada de dicho trabajo y una muy inédita foto de la banda, a las puertas de La Gasolinera, mítico local valenciano donde tocaron, en un show, producido por Manolo, quien tuvo esa fortuna tremenda que much@s por aquí nos quedamos ansiando: Ver a la banda de Cacho Vásquez en vivo.

Aquí esta el link para bajarse el maxi:

http://rapidshare.com/files/97362075/Corazon_Rebelde_MAXI.zip.html

Y otra vez, gracias Manolo!

Visiten su web: www.subterraneo.com

sábado 1 de marzo de 2008

Take no prisoners

(esto es un hallazgo. Durante mucho tiempo pensé que había perdido este texto. Es la presentación del libro “Maldito Sudaca”, la entrevista in extenso a Jorge González, realizada por Emiliano Aguayo. El lugar: La -más bien fome- feria del libro de Viña del Mar. La época: Verano de 2005. La causa: El bueno de Ernesto Guajardo que me pidió el favorcito. Las consecuencias: Este endemoniado artículo, la paciencia oriental de los otros comentaristas, del público presente y del propio autor. Pese a lo arduo de la tarea, terminé pasándolo la raja. Bueh, tiempos idos. Disfrútenlo).

Debo ser honesto. No conocía ni conozco al autor del libro. Y esto es un tema complicado. He leído que, habitualmente, quienes presentan o comentan los libros de otros, en este tipo de eventos, tienen cierto grado de cercanía. O son amigos. O conocidos. O alguien de la editorial les hace la gauchada. La presentación es un prólogo pero en vivo. Es una banda telonera.

Este no es mi caso.

Ignoro si eso será para bien o para mal. Sospecho, por las fotos que he visto, que Emiliano Aguayo es un buen tipo y me queda claro que ha hecho un trabajo singular y valioso. A través de la gente de RIL Editores, he podido acceder y leer “Maldito Sudaca”, en estos días. Son 300 páginas con una conversación que exhala amor a la música y a la cultura chilena, latinoamericana y mundial de, quizás, los últimos 40 años. Y el sujeto no es otro que Jorge González, líder de Los Prisioneros. “La voz de los ‘80”, dice la portada del libro, parafraseando la canción, e identificando al personaje; pero, creo, que el eco es más fuerte. Jorge González fue cierta voz en los ’80, que no apestaba a DINACOS ni a 60 Minutos, pero curiosamente tampoco a poncho ni a quena. Aunque me consta que muchas barricadas y cóctels, pero también muchos besos y bailoteos fueron hechos con un soundtrack que tenía frases como “Unete al baile de los que sobran”, “Ahora la virginidad es una cosa medieval” o “Inmundo chileno, peruano, argentino”, e inclusive “Yo recuerdo a mi papito y no me importa estar solito”.

Pero el asunto es que González no se quedó allí, en esa voz que interpretó a miles en los ya terminados años 80, y eso es lo bueno. Felizmente para nosotros no se quedó en los 80, como por ejemplo, es el caso de aquellos que hoy son pasto de fiestas kitsch y visitas a la tele. Esa moda que elogia una década travestida en ingenua y tecnicolor, cuando, a menudo, fue grisácea, compleja, dolorosa y crítica.

Y eso lo aborda, en sus preguntas y respuestas, el libro de Emiliano Aguayo.

Pero voy a dejarlo hasta allí. Antes haré otro ejercicio de memoria y honestidad.

2.

Hace unas 3 semanas en una fuente de soda localizada en la esquina de las calles Colón con Francia, en Valparaíso, Ernesto Guajardo, de RIL Editores, me pidió que presentara este libro de alguien que no conocía. La locación, dije, es esa fuente de soda que tiene pintado el escudo del Wanderers, bajo el umbral, sobre la vereda. Ernesto Guajardo -a quien sí conozco, pero no hace mucho- me hizo la propuesta, en medio de una nube de humo. El hombre fuma como un hombre muy flaco que fuma mucho. De cómo conozco a Ernesto Guajardo podría ser una historia interesante. Primero leí sus textos en la revista La Cópula; luego un amigo me habló de él. En el 2001, me sorprendí con su texto “El Fulgor Insomne” acerca del asesinato de Marcelo Barrios, estudiante de la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso, emboscado por un regimiento completo de marineros, en el cerro San Juan de Dios, en el invierno de 1989.

Dije: Los 80 fueron una década trágica, dolorosa y crítica.

Más allá de lo estremecedor del hecho, Ernesto Guajardo hacía un reportaje histórico y presencial, sobre un hecho que la historia de una parte de Valparaíso tiene como una brasa, quizás, oculta entre cenizas, pero brasa a fin de cuentas.

Luego, a Ernesto Guajardo, me lo hallé en una conversa entre amigos. Se dieron las coincidencias. ¿Yo? Aporté con mi insaciable gusto por la música y por todo lo que la rodea, sobretodo, las vidas, muertes, logros y cagadas, de sus pilotos. En esa noche, me enteré que la pareja de Ernesto Guajardo estaba grabando un documental sobre el rock en Valparaíso y, sospecho, al igual que Emiliano Aguayo, está tomando las frases de sus protagonistas para revisar y construir. Los que vienen luego habrán de aquilatarlo. Los chicos y chicas con guitarras y cajas de ritmos; los que hoy tienen 12 - 13 años, y escuchan Kudai, Ska P o Daddy Yankee pueden tasarlo mejor. Siempre y cuando les pulse alguna cuerda.

Volvamos a tres semanas atrás.“¿Cómo te cae Jorge González?”, preguntó Ernesto Guajardo en la fuente de soda (aquella con decenas de banderines del Wanderers sobre las paredes). Yo, a lo menos, conocía 3 Jorges González. 2 de los cuales eran reprochables. El tercero era el de Los Prisioneros. “Ese”, dijo Guajardo. “Ese”.

“Puta, hueón, el hombre es complejo…”, comencé a decirle. Y las palabras se me iban confundiendo. Aficionado tardío a Los Prisioneros, creo, a veces, tener la distancia para tasar al personaje y sus palabras. Pero están las canciones. Estas que operan de una forma distinta y contradictoria. El mismo González lo dice en el libro de Emiliano Aguayo, sobre esa relación entre letras y música: “O sea, la gracia de ‘Sexo’ es que lo pusieran en algún lugar y la gente saliera a bailar, no que la gente escuchara la letra nomás, o el mensaje. Es un todo”. Curioso de leer cuando buena parte de mi generación

–y, sospecho, posteriores- siguió a Los Prisioneros por sus letras. Bueno, eso decían. Ja ja. La década del 80 pedía ese tipo de opiniones. La seriedad, la amargura y la ”sonrisa irónica” campeaban. Hubo que esperar una década, por lo menos, para que dijeran: “No si a mí me gustaban los Prisioneros porque eran bailables y en las fiestas lo pasabai la raja bailando y cantando, no sé, “Por qué no se van”. Conozco jóvenes viejos, muy radicalizados, que tuvieron que pasar años para que dijeran, también: “No, si a mí me gustaba Camilo Sesto. O Sandro. O Leo Dan”. Jorge González también lo indica en varios momentos de este libro “Maldito Sudaca”. Y con esa misma actitud. Es el 2006, el hombre tiene 40 años. Y esto no es malo.

Reflexión necesaria. Y deuda a saldar porque la explico más rato: El libro de Emiliano Aguayo está rebosante de música. Y eso es tremendo.

Vuelvo a la conversación en la fuente de soda wanderina con Ernesto Guajardo, hace 3 semanas. Y aquí viene la primera confesión de la noche. ¿Cuál es mi canción favorita de Jorge González, sea solista o con Los Prisioneros? No lo sé, pero una de las que calan fuerte es “Estar Solo” de “Pateando Piedras”. Y aquí, creo, que viene la segunda confesión de la noche, que más huele a aseveración. Si viéramos los discos como conjuntos integradores de elementos, opinaría que uno de los valores fundamentales de Jorge González, en particular, es esa capacidad de pasar con total calma de la crónica de la sociedad -chilena- a la crónica del interior del sujeto. “Pateando Piedras” (EMI, 1986) arranca con “Muevan las industrias”, y aunque Redolés putee en contra, muchísimos la entendimos como una alarmado testimonio acerca del cierre de las industrias nacionales en pleno “ajuste” económico dictatorial. Y además, el tema contenía esa frase, entre secreta y seductora: “Los obreros no se fueron /merodean por nuestra ciudad”.

2 reflexiones al respecto:

¿Que acaso el general no había eliminado del habla nacional, de los libros y las revistas, la palabra “obrero”?

¿No es esta, esa medida de Pinochet, una metáfora atroz de los años donde los 3 chicos de San Miguel comenzaban a golpear y pulsar cuerdas y cajas?

Pero no. Así como un susurro: “Los obreros no se fueron/merodean por nuestra ciudad”. Algo pasaba. Los fantasmas no se marchan. Se corporizan. Quizás se manifiesten con una guitarra en las manos. El disco, perdón, el caset sigue con esta canción: “¿Por qué no se van?”, esa mofa que rozaba la visceralidad. Y hasta cierto fascismo. (El mismo Jorge González lo dijo en esa entrevista que aparece en la versión en video de “Grandes Exitos”: En esa época éramos bien fascistas”). Y quiénes eran los acusados. Los artistas que no se hallaban en medio de este valle indígena. Un ska sobre un tema que luego, casi 20 años después, quizás sólo Pedro Lemebel, en su exquisita crónica “Mary Rose Mc Pato de Jarpa”, aludiría cuando abordaría ese hábito de la clase alta criolla que menosprecia el gusto y el saber de las clases inferiores.”Si eres artista y los indios no te entienden si tu vanguardia aquí no se vende/ si quieres ser occidental de segunda mano”, cantaba González y la hacía redonda: Al final del caset venía ese escupitajo a las radios FM de la época que agringaban el habla y no trasmitían música en español, mucho menos chilena, por rasca o por malas condiciones de sonido. Ese tema se llamaba “Independencia Cultural”. Si alguien no recuerda esa broma del año 1986 la explico: La radio se llamaba Concierto y, a principios de los 90, se murió, creo. O tuvo un bajón, o una semimuerte. Ahora me dicen que volvió. Intuyo que las canciones de Los Prisioneros le han sobrevivido y seguirán sobreviviéndole a esa radio que pretendía dictar cátedra en los 80 sobre la música que había que escuchar. La verdad, radio Concert únicamente dictó cátedra sobre cómo pronunciar exageradamente el idioma inglés. Que se vayan a la chucha.

El caset sigue. “El baile de los que sobran”, que, aunque González en el libro intente bajarle el pelo es un soundtrack de la década. Nada menos.

Y luego llega “Estar solo”. O sea, tras 3 temas de una coyuntura apremiante, pero ninguneada por los medios y los miedos de la época. Aquí irrumpía el individuo. Una canción que hablaba de la soledad, de los que teníamos 15 ó 20, en todas las épocas. Esa sensación de ser un accidente en el terreno, como otro sensible (mi viejo amigo Morrissey) dijo por ahí. Jorge González dice en “Estar solo”:

Hay algo malo dentro de mí una especie de programa con error una tendencia, una exigencia, muchas diferencias de las que nunca puedo renegar”.

Esto es extraordinario y son muy pocos los capaces de hacerlo. Conectarse con la época y las pulsiones internas. Y en un lenguaje tan llano y descubierto que nombra de una manera clara. Los Prisioneros, Jorge González, aquellos años y en este libro “Maldito Sudaca” habla claro. Esto es importante cuando la caída del Canto Nuevo ochentero fue el exceso de metáfora. Es importante cuando la caída del rock chileno de los últimos 15 años son las letras. Es importante cuando hoy, que los Prisioneros han vuelto a reunirse, González agarra el micrófono y dice el curita de la tele, la prensa es una mierda o la televisión es algo muy bajo, como se lee en “Maldito Sudaca”, y sacas la cuenta y en 15 años de Concertación-Democrática-sound nadie, con masividad, ha dicho eso. Los dichos de Jorge González no se quedan en el nicho de la tribu. Sus palabras y canciones son capaces de ser himno, por lo masivo del personaje. Perdón por lo romántico del término. Es que Jorge González como buen hijo del post punk es un descreído.

3.

No conozco a Emiliano Aguayo sino hasta ahora. Sé que es periodista y tiene un par de años menos que yo. Además sé de buena fuente que es egresado de la Universidad Arcis; que ha escrito un libro de fútbol y que le tomó añares concretar esta empresa de entrevistar durante horas a Jorge González.

Creo que Emiliano Aguayo es honesto cuando subtitula a “Maldito Sudaca” con esta frase: “Conversaciones con Jorge González”. Entonces, este no es un libro común. No se trata de una biografía novelada del personaje, que va a ser polémica si es autorizada o no autorizada.

No.

“Maldito Sudaca” tampoco es una entrevista tradicional. O sea, sí lo es, pero no posee esa vena celosa de la verdad y la pristinidad de las versiones que busca el periodista investigador.

No. Emiliano Aguayo, lo dice de entrada: Es una conversación e intuyo que se trata de la conversación de un fan. Y esto no es fácil sino muy preocupante. No todos los fans son enamorados perdidos de sus ídolos. Para los que crean lo contrario, les recomiendo leer “Nowhere Man”, la biografía de los últimos días de John Lennon, escrita por un gringo llamado Robert Rosen. Leer, por favor, los últimos capítulos, aquellos destinados a un muchacho, regordete e inestable, llamado Mark David Chapman, un fan a muerte de Los Beatles, un fan de John Lennon. Fan a muerte. Terminó metiéndole 5 tiros a Lennon porque sintió que había traicionado lo que había sido.

Entonces, esto de los fans es cosa seria. Nadie más que un fan es capaz de recordarle a una estrella del rock cierto verso, cierta cadencia, cierta canción, cierta entrevista. Son tus hijos y tus hijos te juzgarán. Emiliano Aguayo lo hace y de muy buena manera. Hace un rato atrás dije: ”Maldito Sudaca” rebosa música y es verdad. Jorge González en un melómano. En sus palabras rescata a bandas un poco olvidadas de los 80, entre tanta Old Wave y fiestas Eighties. Bandas como Devo, The Specials, Gang of Four o el disco “Sandinista!” de The Clash, el disco más ambicioso y extraño de esta banda punk inglesa.

Y como el fan pregunta, la estrella está obligada a responder. Y si caen monos al baile, bueno, caerán. Comienza el morbo. El del lector. Con Jorge González sabemos que habrá un festín. González es un reflejo de los procesos, cambios y caídas que ha tenido la sociedad urbana chilena en los últimos 30 años. Así como Jara, más que Víctor Jara, así como Violeta Parra, más que Violeta Parra, personajes con los que Emiliano Aguayo compara al líder de Los Prisioneros, en una tesis, que por lo descampada, es materia (me imagino) de debate. Y bien que lo sea.

Entonces, como el personaje es público y transversal, las 300 páginas son polémicas, son doloridas, son rabiosas, pero también son divertidas y apasionantes. Cumplen con creces la cobertura de dichos y contradicciones.

Durante 300 páginas tenemos a Jorge González a todo y con todo. En primera persona, no mediatizado por la prensa ni por el contexto. Desaparece la tan temida posibilidad de que al personaje le saquen conclusiones apresuradas, que lo editen y lo saquen de contexto, como González juzga que la prensa chilena lo hace. Son 300 páginas de un personaje que puede parecer violento porque no es complaciente. No es demócratacristiano, si seguimos la curiosa pero potente calificación que el mismo González hace de colegas, periodistas y funcionarios. Pero tampoco el libro “Maldito Sudaca” es complaciente. Por más que sea un fan, requeteinformado, el que lo entrevista el libro no sacraliza; no tiene ese tono de socios viejos contándose y perdonándose.

No tomes prisioneros.

Si nos gusta el rock, el pop, el hip hop, y que estos crezcan y maduren, hasta transformarse en una verdadera cultura, propia, nacional; una cultura que no tenga esos momentos de oscuridad ni de no-intervención, como pareció a principios y finales de los 80, hay que hacer este tipo de libros.

Al rock chileno le faltan libros.

Y las bandas que podrían suscitarlos están. Quizás no abunden, pero el material está. Leía que Beto Cuevas dijo, hace algunos meses, que se pondrá manos a la obra para escribir la biografía de La Ley. Bueno, y qué hay acerca de la biografía de Panteras Negras, esos reyes de la jungla del hip hop combatiente, como le llaman. O la historia novelada y contada, por sus protagonistas, de todo el hip hop en Chile. O la historia del punk en Chile. Ya está el documental “Malditos” de los Fiscales Ad Hok, pero qué pasa con la biografía de Los Miserables. O de los locales Ocho Bolas, Krápula, La Floripondio y porqué no de todos esos chicos medios héroes medio mártires que armaban y arman sus bandas con instrumentos prestados, equipo de cuarto enjuague y escenarios de combat rock. Chascones y pelados.

Esa historia esta allí para escribirla. Y el libro de Emiliano Aguayo es un aporte en esa construcción. Y un aporte con información contundente, que hace las veces de complemento notable. Una discografía pormenorizada, un buen set de fotos y al final, entrevistas a coprotagonistas y secundarios que hablan de Jorge González e interpreta el fenómeno. Me quedo con la frase de Tomás Moulián, “pasados los 80, González, pudo haberse convertido en un apitutado del FONDART”, y no ocurrió así.

Por último, notable es que Emiliano Aguayo, en su libro, también hace ver que Jorge González no se transformó en una camiseta, gonzaliana expresión para referirse a las estrellas del rock muertas, como Kurt Kobain. Pero tampoco en un Peter Pan, un personaje adolescente eterno, con licencia social y mediática –por lo inofensivo- para decir y actuar irresponsablemente. No, el tipo, en “Maldito Sudaca”, parece fresco y peligroso, mejor quizás que en la podrida década de los 80.

jueves 21 de febrero de 2008

Crudo, primitivo y alerta

(disponible igualmente en www.ciudadinvisible.cl)

Pocos saben qué trabajo hay detrás de una banda cuando se los ve en vivo o se los escucha en un disco. En el caso de Pegamento, su carrera de pocos años se ha caracterizado por la profunda autogestión al momento de producir recitales y establecer nexos para giras con otras bandas, cuestión que inclusive los ha llevado a Argentina, el año recién pasado. Integrado por Simón Yañez (bajo), Francico Gómez (batería) y Alvaro Hernández (guitarra), lo de ellos es rock duro instrumental pero atizado con las sonoridades que, a fines de los 90, comenzaron a desnaturalizar ciertas etiquetas... Hardcore/ post hardcore, rock/ post rock, hasta el muy singular “math rock”. A finales del 2007, autoeditaron su primer disco, “Primitivo”, verdadera denominación de la forma de composición musical del trío, a menudo, crudo, otras veces, energético, y en otras, denso... “pegao”.

En el ya inminente número 21, de la edición impresa de revista ciudad invisible, se viene una pequeña reseña de “Primitivo”. Les adelantamos ahora, la versión de uno de los hechores. Simón profundizará, en las siguientes líneas, sobre el disco, la banda, los procesos y qué significa desarrollar una gestión creativa y productiva, desde la independencia en Valparaíso, lugar donde aparentemente no hay otro modo de hacer las cosas.

CI: ¿Cómo se gestionó el disco?

Simón: Junto a Álvaro llegamos a la conclusión de que era el momento de hacer algo con todo el tiempo que llevamos trabajando juntos en Pegamento. Decidimos que crear un disco era la mejor opción para seguir proyectándonos, ya que desde el año 2004 hemos tenido tres cambios de baterista. Así que, durante un año, juntamos el dinero necesario para costear la producción. Continuamos por la senda de la independencia sin sorteo alguno. No es fácil, por cierto, pero ello nos lleva a aventurarnos como gestores de nuestra propia obra.

La grabación se hizo en el estudio de la Escuela de Comunicaciones de la ECUM ya que nuestro baterista es egresado de la carrera de Cine de dicha escuela. Es así es como consigue la oportunidad de ocupar las instalaciones.

CI ¿Cómo se realizó la selección de los temas que finalmente quedaron en el disco?

S: La discusión, tras arduos ensayos, nos motivó a considerar que la estructura del disco debía ser semejante a la que veníamos mostrando en las últimas presentaciones en vivo. Desechamos temas un tanto lentos que fueron compuestos en los primeros años. Uno de los factores que determina la estructura de cada nuevo tema es la variación y el contraste en el ritmo, teniendo en cuenta que Pegamento es una banda de rock instrumental. Por ende, para sentirnos a gusto con nuestra opción, sentimos la necesidad de crear formas diversas y no lineales. El flujo en la composición, en los ensayos y luego en las presentaciones en vivo determina, sin dudas, este tiempo.

CI: ¿Hay una creación colectiva en los temas de Pegamento? ¿Cómo es el modo de trabajo de la banda hoy?

S: Las ideas surgen de forma rústica, con interpretaciones onomatopéyicas de fragmentos que pueden conformar un nuevo tema. Trabajamos estos elementos en guitarra y bajo, más un par de cervezas. La batería surge espontáneamente. En la actualidad, el proceso de composición es muy lento puesto que vivimos geográficamente alejados (Valparaíso, Santiago, Argentina), teniendo así que componer en casa por separado durante la semana.

CI: ¿Se sienten cómodos cuando se los intenta asociar a vertientes como el math rock o el post rock?

S: Cualquier etiqueta le vale al trabajo y a la forma de relacionarnos con diversas bandas de rock que mantienen el mismo ideal de compartir diversos puntos de vista en la vida y en la música. No hay problemas al respecto. Seguiremos trabajando bajo esa convicción con el fin de mejorar las composiciones y el trabajo de producción. Las etiquetas son sólo eso.

El gesto del disco

CI ¿De donde viene el nombre “Primitivo” para el disco?

S: Proviene de la búsqueda de una fórmula de composición musical. Es así que, a través de una manera rústica, "primitiva", logramos armar nuestros primeros temas, en base a sonidos extraños que logramos extraer de nuestros instrumentos. Entre tanto afán de muchas gentes por aparentar lo que no son, asumimos nuestra condición y hacemos algo constructivo de ella. Acción más que puro discurso estático. En este caso, melodía y acción. Además, Primitivo era al nombre de pila de mi abuelo paterno (Q.E.P.D.), por lo tanto hay un motivo familiar también en la elección. Todo en una obra, dicen, debe articularse y no deja de sorprendernos que eso se vaya dando de manera espontánea. Una vez terminado el proceso de edición final, quedamos aún más contentos con el nombre elegido, ya que el concepto logró plasmarse completamente en la estética y en el sonido del disco.

CI: La carátula muestra una especie de explosión del nombre Pegamento, y en los interiores se puede ver, muy destacado, el dibujo de un pájaro ¿Que motivó estas decisiones?

S: La idea de la imagen de la carátula y su captura pertenecen a Eva Duarte, escritora y profesora. Estábamos dándole vueltas a ideas para el disco y ella, mi esposa, me sorprendió: el nombre de la banda escrito con las letras de la sopa, adheridas en la tapa de la olla en que fueron cocinadas. El resto fue unir los elementos que nos caracterizan; incluimos la imagen de una presentación en vivo en la azotea de un edifico frente a la Estación Central en Santiago. Incluimos la imagen en b/n de la batería de la banda, captada en el tradicional teatro Mauri de Valparaíso. Finalmente, la serigrafía sobre el disco se gesta tras la síntesis visual que tenemos de Pegamento, plasmando esto en un ave tradicional de la zona central de Chile, el Queltehue, quien resulta ser un vigía que da señales de alerta con su sonido.

CI: ¿Cómo ven el hecho de editar un disco hoy, en momentos en que el formato “disco” sufre una crisis? ¿Por qué no utilizaron otras formas de distribución?

S: Mientras exista voluntad de seguir entregando el trabajo en su estado natural no existen problemas con el formato disco. Lo mismo podríamos pensar de los libros; es tan solo entender cómo utilizamos cada día los elementos actuales de la modernidad que por cierto son útiles. Sin embargo, creo que la masificación de internet por una parte, condiciona a que cada uno -como oyente o lector- se vuelva un ser cómodo y no valore los objetos artísticos como tal. Es maravilloso poder reunirse con otro ser humano e intercambiar un libro, un casete, un vinilo o un CD. Llámalo nostalgia, pero creo que no hay que olvidar que detrás de toda creación hay seres humanos y no solo bytes. Es por eso que los viejos alegan tal vez de la juventud de hoy, y no es por culpa de la modernidad sino que por la forma en que la utilizamos.

CI. ¿Cómo le queda a una banda como Pegamento estar presente en todas las fases de producción de un disco? ¿Se pierde algo durante este proceso? Por ejemplo, ¿se le quita tiempo a la creación y al ensayo por estar pendientes de la distribución y venta?

S: Lo ideal para llevar a cabo un trabajo óptimo sería con un equipo de producción externo, que se relacionara directamente con la banda. Ahora en Pegamento lo hacemos todo nosotros. Por el momento esto está bien, hay que aprender y tener aguante si queremos continuar en esto. Hay detalles que se escapan, pero ya está, entendemos aquello y tratamos de mejorarlo. Un ejercicio honesto tarde o temprano se valora.

CI: Pegamento ha utilizado de manera ejemplar la asociación con otras bandas, así como la autoproducción de recitales. ¿Pero es esta realmente la única manera que le queda a las bandas locales de realizar eventos, giras y sacar material sonográfico?

S: Una vez finalizado cada proceso, entre nosotros existen largas discusiones del cómo y el por qué hacer las cosas, respecto del rumbo y la forma de nuestro actuar. Es entonces que comprendo mejor esta forma de trabajo, puesto que nos lleva a plantearnos nuevos objetivos como asimismo continuar la asociatividad con gente que desarrolle distintas disciplinas de expresión. La región de Valparaíso es impresionante, solo basta con perseverar en el trabajo, plantear las cosas honestamente y el camino se extiende.

Contacto: pegamentox@hotmail.com.

Escucha parte de “Primitivo”: www.myspace.com/rockpegamento.

domingo 17 de febrero de 2008

Esa fría y terminal austeridad

(A propósito de “Control”, de Anton Corbijn, 2007)

Vacaciones en el sol y en la quietud de Valparaíso. Hay más tiempo para algunas actividades. Manos amigas me regalan “Control” de Anton Corbijn, la película sobre la biografía de Ian Curtis, el suicidado líder y vocalista de Joy Division, una de mis bandas favoritas de todos los tiempos.

Chucha. Tenía muchas ganas de ver esto. El biopic , como diría un moderno, está basado en el libro “Touching from a distance”, que es, a su manera, la historia de Ian, de la mano de Deborah Woodruff Curtis, su viuda.

El detalle es clave porque, para los fanáticos -como yo- la película, siendo notable en su género, dejará cierto sabor a versión, a algunos límites puestos, a cierta coherencia externa montada sobre la película. Veamos. Las peliculas basadas en libros son un caso. O resultan copias literales de los textos, que son casos lamentables, a mi juicio; o se distancian saludablemente de las letras, tomando elementos desde el papel pero construyendo audiovisualmente un mundo propio (“Stalker”, de Tarkovski, basada en la novela de los hermanos Strutgaski, y basta de dar ejemplos).

El asunto se complejiza cuando se trata de las biografías, que fundamentalmente, son versiones personales de la vida propia o de otros. Hoy por hoy, más que ver una película de estas, que son bastante predecibles, me interesa cómo van resolviendo detalles del guion, la estética, cierto concepto visual. Observar si el director(a) es capaz de proponer otras miradas. Ya volveré sobre esto a propósito de “Control”.

El libro. Sin haber leido “Touching from a distance”, el filme aborda la juventud solitaria, sensible y silenciosamente creadora de Ian Curtis, su vivencia en Macclesfield, suburbio de Manchester (1), su horizonte de blocks y casas pareadas de ladrillo rojo (las poblas obreras inglesas), para luego dar paso al romance -con Deborah.-, la visita a un concierto de David Bowie, uno de los grandes favoritos de Ian; el (muy temprano) matrimonio y paternidad de ambos; el primer recital de los Sex Pistols en el Free Trade Hall de Manchester, fecha clave para la musica mancuniana (estaba gran parte de quienes luego harían bandas en la ciudad)y su encuentro con los que luego serían sus compañeros de Joy Division; las primeras tocatas; la aparición del irascible DJ Rob Gretton, el manager; el primero tenue pero creciente reconocimiento de la crítica; el papel de Tom Wilson y Factory Records; las giras; el encuentro con Annik Honoré, la periodista belga, que se transformaría en amante de Ian Curtis; la epilepsia, el trabajo, la tensión, la creación de canciones clásicas del post punk; la tensión, las tocatas, la tensión, la crisis y el final. “El amor nos separará, otra vez”...

No hay detalle trivial que escape a esta narración. Desde la seria anécdota acerca del origen de “She's lost control” hasta los crudos detalles de las últimas horas de Curtis. Alli está, el cantante de retorno en la casa donde vivió con su esposa e hija, ahora solitaria y silenciosa, el consumo de alcohol, la audición de “The Idiot” de Iggy Pop, la contemplación del filme “Stroszek” de Werner Herzog, la cocina, la cuerda, el nudo y Deborah entrando, al otro día, a la vivienda y sus gritos tras hallar a Ian muerto.

Mas allá de estos limites, los fans nos quedamos con ganas de algo mas. Por ejemplo, una profundización en el rol de Martin Hannett en el sonido de la banda. Hay un detalle que, en todo caso, es revelador: La escena en que tienen al baterista Stephen Morris grabando la percusión de “She's lost control”, usando un spray para el sonido de contraste al de la caja (lo que los bateristas habitualmente resuelven con el hi-hat). Drogado e inestable, Hannett fue clave no solo en el sonido de “Unknown pleasures” y “Closer” sino de otras bandas de la Factory como Crispy Ambulance, Section 25 y los muy notables Stockholm Monsters. Sus excentricidades son materia de libro (y pelicula aparte!), como tambien queda de manifiesto en “24 hour party people” de Michael Winterbottom.

Otro cabo suelto. El muy amargo trago de la relación con el nazismo que la banda cargó por un rato, y la predecible (por lo estúpida) asistencia a sus conciertos de skinheads pertenecientes al National Front y otros grupusculos racistas. “Control” tambien lo alude superficialmente con la gran cantidad de cabezas rapadas que pueden verse en algunos conciertos, entre ellos, las escenas del célebre recital en el Derby Hall, que acabó con una reyerta de proporciones. El vínculo de Joy Division con el nazismo es materia de polémicas. La “division de la alegria” fue, efectivamente, una sección de prisioner@s, mantenidos por el ejército alemán y la SS, durante la segunda guerra mundial, cuyo objetivo era satisfacer sexualmente a oficiales y soldados. Ademas, la elección de un dibujo de un chico de la Hitler Jugend para portada del primer ep. de la banda, “An ideal for living” (Un ideal para la vida) fue tomado literalmente. Pero hubo más: Bernard Summer, el guitarrista, declaró en esa época que se sentía intrigado por el nazismo, y Stephen Morris, a su vez, indicó que el uso de iconografía nazi tenía que ser entendida como una forma de homenaje al sacrificio de sus padres y abuelos, contra los nazis, durante la segunda guerra mundial. Mmmmmmmm. (2)

Sin embargo, quien desee conocer la verdadera ideología tras Joy Division sólo tiene que introducirse en las letras de Curtis. En ese mundo intranquilo y lugubre. (3)

Y aquí es donde la película se nos hace potente. Anton Corbijn retrata de manera soberbia el mundo de Curtis. El impecable blanco y negro de “Control” rescata esa singular atmósfera gris, austera, (post)industrial y periférica de la imagen de carátulas y fotografías promocionales de la banda. Ese existencialismo post punk, teñido de soledad, nieve, ladrillos, contaminación y desesperanza. Una música mayúscula se había creado en el mundo preciso: Los suburbios de una megapolis del primer mundo. Corbijn, un fotógrafo (y realizador de video clips) reconocido captura esa imagen y la transforma en un concepto que recorre la pelicula. Soledad es una de las primeras sensaciones que te deja “Control” cuando acabas de verla.

Pero hay más. La fiel re-creación de apariciones en TV de Joy Division (la de Granada TV, en 1979, casi plano a plano), la notable actuación de Sam Riley, en el rol de Ian, y Samantha Morton, en el de Debora, una chica proletaria, a fin de cuentas, y mucha, mucha música. Me quedo con la secuencia en que Ian va a su trabajo con un impermeable cuya espalda está rayada con la palabra “Odio”, mientras suena “No love lost”. Eso es cine. Mucho más allá de un libro.

  1. Clave para entender uno de los conflictos de Ian Curtis es el diálogo que mantiene, en su primer encuentro, con Annik Honoré. La periodista le pregunta cómo es Macclesfield. Curtis le responde que... “Gris, miserable.. Toda mi vida quise escapar de allí”. “¿Y tu esposa, qué?”, le inquiere Honoré. “Ella ama Macclesfield”, responde el cantante. Silencio. Todo claro.

  2. http://en.wikipedia.org/wiki/Joy_Division

  3. Tema polémico dentro de la cinta es el nivel intelectual del resto de los integrantes de Joy Division, luego New order. La escena de la entrevista con la Honoré es reveladora.

La actuacion de Joy Division en Granada TV: http://youtube.com/watch?v=0LdEM9xhMUM&feature=related

El trailer de “Control” http://www.youtube.com/watch?v=7c2_B_cWK_M

martes 4 de diciembre de 2007

video El video de los 18 de la Radio Placeres. Contra el monopolio comunicacional

domingo 11 de noviembre de 2007

Sonora de Llegar: Fiesta pa espantar la muerte

Originalmente publicado en el #19 de revista ciudad invisible. Ahora lo subo aqui. Ya era hora de actualizar esto.

No tocan cumbia pero se llaman Sonora. Sus letras más bien nos suenan tristes e irónicas. Cultivan un estilo energético y caliente, y su disco aparece en meses en que las palomas caen congeladas desde las ramas de los árboles. Son las paradojas de un sexteto que se las trae, desde la provincia de Valparaíso. Su nombre es Sonora de Llegar y acaba de lanzar su primer cd. larga duración, bajo etiqueta sello Azul. El disco no tiene desperdicio. Doce temas llenos de ska, punk rock, reagge y cumbia. Por ahí, en el primer single “Vicio”, se puede escuchar: “Vámonos pa’ donde/ La noche ríe y la muerte se esconde”. Un buen lema. La fiesta por sobre la vida chata.

En sus 7 años de vida, Sonora de Llegar (nombre tomado desde una canción de Mauricio Redolés), ha ido recorriendo, lentamente, a punta de tocata -hasta en los sitios más impensados-, el camino desde el interior de la provincia hasta Valparaíso. Quedaron atrás esos días en que la banda se definía como oriunda de Villa Alemana. Potente denominación de origen, por lo demás, habida cuenta de la cantidad e impacto de las bandas procedentes de la pequeña ciudad, en los años 90.

Hoy, buena parte de sus integrantes vive en el puerto. “Somos más bien una banda de la provincia”, dicen, en medio de algunas risas y las cervezas de rigor, Mauricio Miño, el vocalista (cuyo nombre a veces, se resume en un “Miño”, a secas) junto a Carlos “Culebra” Rojas, guitarrista; Tevo Riquelme, saxo; Luis Rojas, bajo; Pancho Contreras, batería; Sebastián Cabezas, trompeta; y Alejandro Valenzuela, trombón.

Grabar este disco debut fue el premio tras una selección realizada por el sello Azul, el año pasado, para su serie “El país de las maravillas” dedicada a impulsar bandas nacionales. No es menor que Sonora de Llegar haya sido la única banda regional puesta allí. Los chicos lo tomaron como el resultado a una receta automedicada de “tocar, tocar y tocar hasta que la banda sonara como cañón”, como indica Tevo Riquelme. Pero si se mira con mayor detención, el disco es la prueba de una tesonera regularidad que se ejemplificaba con 2 registros independientes, “Démole!” y “Manifiesta”, sendos eps. fechados durante los años 2003 y 2005 y completamente agotados.

Porque si algo también caracteriza a Sonora, es su séquito de seguidores; jóvenes, pachangueros, skataliticos, punks, rockeros y desordenados, que se la sudan toda bajo el escenario. Como si tuvieran el tema “Súdate’ste”, como razón de vida. O el vigor de “Kariño muerto”, con su inicio a medio camino de tumbao y diablada nortina. O la disfuncionalidad etílica de “Buscarte en Camboya”. O la crítica al poder de “Pare’e gozar”.

Y un detalle. El disco “Sonora de Llegar” fue mezclado por Macha Asenjo, líder de LaFloripondio, en Alemania, durante el 2006. Cosas de la familia villalemanina.

Un circo deprimente

Pese a tocar esa mezcla de rock, punk y ska, a los integrantes de Sonora de Llegar les resulta absurdo el encasillamiento en un determinado estilo, o “movida”. Prueba de lo anterior es que a varios seguidores les tomó por sorpresa que el video promocional del tema “Vicio”, exhibiera a la banda maquillada como payasos y escenas de circo. Un fanático más informado se lo habría explicado por el aporte de Tevo Riquelme a la banda. Además de saxista de Sonora (y de la banda Pequeñas Partículas), él pertenece a la compañía SílicoCirco, que ciertamente ha renovado el espectáculo circense en la zona. Pero hay más. ”El director del video propuso algo relacionado al circo, por lo que sintió al escuchar la canción”, dice Luis Rojas, el bajista, “Y se tuvo la suerte de que estaba el Tevo y pudo contactar con gente que pudiera colaborar, como algunos malabaristas y acróbatas”.

A lo que Tevo comenta: “Mucha gente bien en la onda rude boy/skatalitica se quejó de por qué tanto circo en el video y que por qué no mostrábamos la escena más ska. Pero yo les preguntaba: ¿Por qué uniformarse? Si miras a Miño ¡Más parece rapero que skatalítico! Y, finalmente, qué es ser “rude”. Me contestaban: ‘Un estilo jamaicano’. ¡Pero aquí no hay ningún jamaicano! Entonces, hay un engrupimiento de movimientos y yo encuentro absurdo encasillar”.

Sin embargo, los chicos también perciben una evolución en su sonido. “Cuando empezamos, éramos una banda más ‘latina’, con percusiones. Más pachanguera. Sin embargo, al llegar a Valparaíso decidimos hacer un ska más ‘leña’, que suene más rockero, así como The Clash, pero con arreglos de vientos”, dice Miño. “Si escuchas el disco, te darás cuenta que la banda finalmente es punk, y con pequeños momentos pachangueros. El mejor ejemplo es el tema “Mafioso” que está en el disco, pero que también estaba presente en “Démole!”, y ahora tiene es una versión más violenta y acelerada”.

Similar sentido crítico se aprecia cuando la banda aborda las letras. No es menor tener en el altar del ska-mestizo latino a bandas como Mano Negra, Fabulosos Cadillacs, Desorden Público y Todos Tus Muertos, conocidos todos por sus letras de contenido social y antagónico. Sin embargo, las letras de Miño son más bien ebrias, festivas y con un singular punto de vista, que logra rescatar cierta mirada popular, aquel que observa el mundo con cierta ironía y dispuesto a meterse a una fiesta en cualquier momento. “A mí no me gustan las letras obvias a menos que sean de Los Prisioneros, que quizás ya las hicieron todas, y fueron las mejores. O las de los Fiskales Ad Hok”, declara. “Yo pensé en algún momento en un concepto de Sonora de Llegar que era ver la fiesta como respuesta a una vida de mierda, que tiende hacia el consumismo, los lugares comunes y el arribismo. entonces, correspondía que si íbamos a ser una sonora, haríamos música alegre, que fuera una fiesta en medio de un circo deprimente, como dice la letra de “Vicio”.

Nuestros muertos

Hoy el centro de operaciones de Sonora está enclavado en un lugar bien especial de Valparaíso. En cierto sitio del cerro Cordillera, no muy distante de la plaza Echaurren, el ascensor Serrano y el museo del gringo Cochrane. Es el subterráneo de la casa de Roberto Ramos, el tío Robert, personaje muy cercano a la banda, padre de Renzo, el antiguo saxista de la banda. La sala de ensayo y reunión de la banda es una muestra del afecto que pueden tener 2 generaciones, en apariencia, muy lejanas. Roberto Ramos, jubilado de Ferrocarriles del Estado, antiguo dueño del bar Taybeh, de Quilpué (donde la banda llevó a cabo algunas de sus presentaciones más legendarias) ha construido lentamente una versión del bunker de Sonora. Por ahí, sobre una viga, las baquetas rotas por el baterista, un parche de caja ídem, un gigantesco lienzo con el nombre de la banda, un diploma (de cuando la banda se presentó, patrocinada por el Consejo de la Cultura, en la plaza de Catemu) hasta una primorosa cajita de madera, pintada de blanco, con una ranura, donde se juntan monedas para planes futuros. Amor y respeto, en palabras de este cronista. Lo mismo que sientes cuando vas al baño de esta sala de ensayo, y en la pared, pintado te encuentras un “Fuerza Sonora!”. Amor y respeto. El tío Robert.

No es el único encuentro generacional que ha generado Sonora de Llegar. La banda se siente honrada de haber logrado tocar con gente que respeta. Mauricio Redolés, Fiskales AdHok, y cómo no, La Floripondio. Pero hay más. Y lo dejaron claro cuando lanzaron el disco, a mediados de junio pasado. La muerte de Rafael Palacios, bajista y líder de Los Blue Splendor, dejó medio chocados a los muchachos. La historia del vínculo había sido desde la posición del fan. Sonora de Llegar tocaba con regularidad el tema “Visión de Otoño” de los playanchinos. Según Culebra, el nexo con Blue Splendor tiene que ver con esa visión peculiar, “mutante”, de ver la música, más allá de cualquier etiqueta. “blue splendor es una banda de rock and roll pero con vientos y vestidos como grupo de cumbia. es casi la misma caracteristica de mezclar estilos que sonora de llegar posee”, dice.

Quizás Rafael palacios también tendría que estar presente en ese otro tema del disco de sonora, “Vivos muertos”, donde en medio del furioso festin ska, se confunden los apellidos de marx, Bakunin, BoB Marley y Charles Bukowski.

En esa.

lunes 20 de agosto de 2007

(Así fue la) Fiesta de los 90 (de la Radio Placeres)

"no es todo el recuerdo, sólo es algo para recordar"

lunes 13 de agosto de 2007

fiesta de los 90 radio placeres

nos vemos en los 90, chiquill@s!

domingo 12 de agosto de 2007

La primera fiesta de los 90... la hace la radio Placeres

Este blog ha estado medio botado en las últimas semanas. El trabajo se cobra venganza (mi amigo Morrissey diría "el trabajo es una mala palabra", una de 4 letras). Entretanto, una invitación a la fiesta de la Placeres, este viernes 17. Yo ya llevo mi camisa de franela. ¿Y tú? ¿Buzo adidas y pelito a lo callampa, casacas de colores cítricos y bototos amarillos? ¿O una polera de algún club de fútbol? Nos vemos allí. DJ Cobain la lleva.